Muchas veces me pasa que tengo ganas de escribir algo en el blog, algo largo, filosófico, pero veo la pantalla blanca y me nublo. Me ahogo.
Si bien soy escritora (casi, poeta más que todo, tengo un libro (y otro próximo) que se distribuyen por el país), siempre es más fácil para mí escribir en tercera persona. Como si fuera un fantasma, un espíritu fuera del cuerpo.
Y quizás eso soy al final, un ser transparente. Digo transparente porque invisible no soy y no quiero serlo, muchos me ven, me saludan, me quieren, me ayudan un montón (como mis amigos, y mi familia). Es como si tuviera atados hilos a los hombros y como una marioneta alguien extraño me manejara (creo que es Yago).
Por suerte, soy tan fuerte que no dejo que me diga que hacer y yo, como una muñeca de trapo, cumpla con la orden. No. Y tengo más ayuda, con las pastillas. Son mágicas, como las grageas de Harry Potter.
La cuestión es que mi mente siempre fue como un triángulo. ¿Entienden? Tenía una base (nazco, crezco, aprendo, vivo, soy feliz, termino la secundaria, voy a la universidad, viajo, me caso, formo una familia, etc), anhelos y sueños en la punta. ¿Qué pasó?
Este querido Yago me destruyó con una bomba denominada "cáncer" y adiós auto-control, adiós estructura de vida tradicional.
Igual, cada día estoy mejor. Cada día abro más los ojos.
PD: este fue un intento de entrada filosófica. Ya me van a salir mejor. No pierdan la fe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario